martes, 29 de diciembre de 2009

ENTRE LA PERMANENCIA Y EL CAMBIO


"El tiempo no cambia, los que cambiamos somos nosotros. El tiempo siempre es el mismo, lo que vemos hoy, así como vemos las plantas, así han estado y así volverán a estar. Nadie sabe de donde viene el aire o a dónde va, sólo sabemos que llega aquí, que Dios lo manda así como manda las nubes. Si es su voluntad, las plantitas van a salir, por eso yo, aunque nadie me vea, le pido a Dios cuando estoy sembrando que bendiga las semillas."DON JUAN SUÁREZ MARTíNEZ
Santa Rosa Xochiac es un pueblo muy antiguo que pertenece actualmente a la Delegación Álvaro Obregón. Debido a la cercanía con la ciudad (el periférico se encuentra a 20 minutos y el Centro Comercial Santa Fe a menos de 10), podía pensarse que se ha asimilado a ella, pero no es así; Santa Rosa aún se mantiene diferente, tal vez debido a su historia que nos habla de un origen indígena, de un lugar poco comunicado con la ciudad de México, de una comunidad que se dedicaba a la agricultura y a la explotación forestal, de un pueblo cuyas calles enredadas respondieron al transitar cotidiano y no a un trazo sobre el papel.

LOS ORIGENES
Los ancianos nos hacen relatos sin tiempo exacto en los que hablan de la fundación de Santa Rosa. Cuentan que hace muchos años, antes de la llegada de los españoles, salió gente de Azcapotzalco buscando un lugar para vivir y que atraída por la abundancia de recursos decidió establecerse en lo que ahora es San Bartolo Ameyalco-Cuautla Ameyalli al parecer fue el nombre que le dieron. Hablan también de que había una laguna en la que abundaban los peces y la caza en los bosques. Sus terrenos abarcaban desde Axomiatla hasta el cerro de San Miguel, lo que ahora son las colonias La Era, El Limbo y Torres de Potrero, hasta el actual ejido de Santa Rosa e incluso más. Dicen que unos años después esa misma gente que había salido de Azcapotzalco se encaminó en dirección a los montes y a sus pies fundó con el nombre de Cuauhtenco lo que ahora es Santa Rosa Xochiac. El propósito era proteger los linderos y evitar así que los despojaran de las tierras. Este pueblo situado al pie de los montes, se llamó también Santa María antes de ser bautizado en honor de la Santa Limeña.
"Les platico que antes el pueblo estaba lleno de rosales blancos, corrientes, por dondequiera nacían esas flores. De Tetelpan venían con canastones a juntar los botones y los llevaban a vender a donde hacen las coronas. Me contaba mi papacito que en una ocasión vinieron algunos paseantes con unas señoritas, eran como de raza americana, les gustó mucho este lugar. Preguntaron como se llamaba y los nativos respondieron que Santa María Cuauhtenco. Los paseantes dijeron que este era un lugar muy bello y como aquí había muchas flores se debería de llamar Santa Rosa Xochiac. Ellos mismos regalaron la imagen de Santa Rosa dé Lima que se venera actualmente y los primeros años pagaron la fiesta en su honor. Con los años, los paseantes dejaron de venir pero el nombre se conservó y la fiesta se siguió sacando con las cooperaciones del pueblo y a través de mayordomías. Ahora el pueblo se llama Santa Rosa Xochiac Santa Rosa en honor a la virgen de Lima y Xochiac, de xuchilt, palabra del mexicano que quiere decir flor.

Cuentan que la gente que venía de Azcapotzalco se quedó a vivir en estos parajes porque había agua suficiente, casa y pesca abundantes, y buenas tierras para sembrar. Pero ¿cómo habrá sido el lugar?, ¿cómo habrán vivido? Muchos años después los descendientes de esos primeros pobladores siguen habitando las mismas tierras y a través de sus relatos podemos vislumbrar las respuestas a esas preguntas.
Cuando por las noches se va la luz y la oscuridad borra casas, autos y alumbrado público y sólo queda el silencio, nos damos cuenta de lo imponente del paisaje: montes que recortan el cielo, extensos campos, árboles frondosos que se doblan al paso del viento; y hacia abajo, sólo un enorme valle iluminado por millones de foquitos. Algo así debe haber sido llegar a poblar esas regiones, sentir que la escala del mundo no es la humana.
Oímos de infancias que tuvieron lugar hace más de medio siglo entre casas de tejamanil y palopique, cuando las calles no tenían nombre y los terrenos sí, y donde las madres y abuelas se comunicaban en una lengua que ya no se usa. Lo más seguro es que este ambiente sea parecido al que vivió la gente en Santa Rosa en tiempos muy lejanos. Nos cuenta doña Mercedes que cuando llegó a vivir a Santa Rosa, hace como 60 años, su suegra no la quería y además la criticaba con otras señoras del pueblo, pero lo único que doña Meche podía entender era el tono, porque la conversación era en mexicano.
En esos tiempos, el ciclo agrícola tenía una gran importancia en la vida cotidiana y los alimentos que se consumían eran básicamente los que se cosechaban. Por eso era necesario preparar a los niños enseñándoles desde pequeños a sembrar con su morral al hombro acompañando al padre o, si eran niñas, a hacer tortillas con la madre junto al tlecuil. Aunque ya casi nadie hace tortillas a mano de forma habitual, las señoras conservan el dominio del fuego. Para las comidas grandes, como las fiestas de la santa patrona del pueblo, o las de XV años, o las de boda, los alimentos son cocinados a la leña en cazuelas de barro asentadas sobre tres piedras.
Don Juan Suárez, esposo de doña Mercedes. nació en 1917 y recuerda: "Del pueblo para ese lado teníamos terrenos, de ahí donde tiene su vinatería Sergio, para ese lado todo para arriba, pegado al desierto, pegado al monte, esos eran terrenos de siembra; para acá abajo [...] todos eran terrenos de siembra, era propiedad particular, propiedad privada, todos teníamos terrenos. Esto vino después, cuando comenzaron a dar las tierras, se animaron y qué bueno porque la tierra era del mismo pueblo, todo esto, tierra que ahora es ejido, era del mismo pueblo, más que había un hacendado, se llamaba Luis Mijares, aquí en el contadero [...] porque al pueblo de nosotros vino la gente de San Bartolo, fueron los primeros que se vinieron a vivir aquí a Santa Rosa, pero porque el hacendado se iba arrimando cada día más par allá y más hasta aquí, ya casi pegado al pueblo, trazó su lindero, así es que la tierra era del pueblo pero como no había gente aquí, se iba arrimando más y más por eso es que después se solicitó la tierra y la dio Cárdenas; 36 ó 38, por ahí así, porque los pozos petroleros los expropió el 38 [..] Era Monte, había unos árboles grandotes de cedro, se daban aquí los hongos y había un hongo que le decíamos duraznillo y se comía crudo, amarillito, y ese nomás lo juntaba uno y un taco con tortilla calientita y sal o medio sazón en el comal y ya estaban, buenísimos ['00] ahí era monte; del monte se derivaron los árboles, se limpió todo y fueron terrenos de labor. La tierra da, pero a la tierra hay que trabajarla, sino la trabaja uno sola, sembrando, nada más así no da."
Y doña Lucha Ramírez, que nació hace más o menos seis décadas nos cuenta: " la gente guardaba sus habas secas, guardaba su frijol, y todo eso es lo que se comía en el año [...] unas habitas, unos frijolitos; siempre la gente tenía su frijol y su haba guardada, era para todo el año porque era lo que se daba aquí [...] y pues la gente tenía siempre sus animales, por decir, sus gallinas, entonces siempre tenían su huevo de casa y gallinas y cuando no había otra cosa pues un pollito y se comía un pollito; la mayoría de la gente tenía mucho que comer porque no se apuraban de nada.
Yo me recuerdo de aquel tiempo que lovía mucho mucho, así que no podían salir; los abuelitos salían, 'ahorita regreso', iban al campo traían hongos, traían unas habas verdes, traían unas flores de calabaza; tenían su maíz, ponían el nixtamal, iban al molino, y si no, pues a metate, como quisieran y se hacían unas gordas pues que con unas flores de calabaza, pues que con unas habas en el comal, nada más tostadas. No pues la gente en ese entonces comía pues muy sano, la verdad... Yo recuerdo esa vida tan bonita y a toda hora se hacían las tortillas calientes, nada de que voy a comprarlas en la mañana y voy a cenar las tortillas bien frías, la masa se hacía fresca, se hacía bastante nixtamal y a la hora que se iban a hacer las tortillas, se molían en el metate o se guardaba; casi toda la gente molía su masa.Eran puras casas de palopique yo creo que había en el pueblo unas tres casas así de adobe, porque no eran ni de tabique, eran de adobe, de las personas que estaban más acomodadas, pero en todas las casitas que tú veías, dando las seis de la tarde -no había luz eléctrica-, nada más todos con su petróleo, con una mecha y era todo lo que se alumbraba en las tardes ya parece como que todos estaban aplaudiendo, es que ya estaban haciendo las tortillas que se hacían a mano, ni siquiera a máquina se hacían, y a esa hora ya todos a cenar lo que había: los quelites nada más en el comal, así sudaditos, le ponían cebollita y tantita mantequita y eran felices, su salsa al molcajete; eso si nunca me gusto el pulque, pues había mucho pulque.Yo me acuerdo que mis abuelitos, y la mayoría, tomaban su pulque;había mucho maguey aquí en el pueblo, entonces era de lo que se alimentaba la gente, se alimentaba de eso; raras eran las personas que bajaban al centro."...

Muy pocas eran las personas que bajaban al centro, dice doña Lucha, y eso es cierto: la calzada del Desierto de los Leones, principal vía de acceso al pueblo, se construyó en los años 30 y antes de ella los que bajaban a la ciudad eran solo los leñeros y alguna que otra mujer que quería vender frutas o flores. "Bajar" y "subir" son dos términos muy comunes entre la gente de Santa Rosa, "¿vas a subir?, le preguntan a alguien que vive en el ejido para saber si va a ir al pueblo; "mañana vaya bajar" anuncia alguien que va a ir a la dudad; "¿subes luego?", preguntan para saber si se va a tardar en regresar, y es que ir a la ciudad es realmente bajar.
Los leñeros vendían leña lo que implicaba subir al monte, derribar los árboles, hacerlos raja, cargar los animales con la madera y emprender el regreso al pueblo. Una vez en la casa, acomodaban la leña y la ponían a secar. En tiempo de lluvias tenían incluso que prender fogatas para que se secara la leña; ya seca, la cargaban otra vez en las mulas, en los burros o en caballos y bajaban a venderla a 20 centavos el ciento de palitos, o si en alguna casa compraban dos o tres cargas de leña, ya se las dejaban a 17 centavos el ciento. Hacían entregas en Portales, Tacubaya, Mixcoac, Coyoacán, San Lorenzo, etcétera, y con el dinero que ganaban pasaban a comprar alimentos que eran difícil de conseguir en Santa Rosa.
Don Juan Suárez ha sido campesino gran parte de su vida, pero en su juventud fue leñero. A continuación nos habla de lo que compraba con el dinero ganado: "...que llevara yo un animal cargado de leña, que apenas llevara 1.80 ya en dinero, iba bien cargado el animal, con eso compraba yo pues que sardina, queso, galletas, frijol, azúcar, manteca; todo compraba yo, piloncillo. Con 1.80 llenaba yo el costal de harina, ahora con 180 pesos ni el asiento de un costalito. De veras, en ese tiempo era barato todo, el azúcar de 3 kilos y medio valía 12 centavos, mas la marqueta de azúcar; había unas sardinitas que ya no las he vuelto a ver, valían seis centavos; el kilo de masa tres centavos luego fue cuatro, y así fue subiendo. En Mixcoac comía yo en la fonda con cinco centavos, me servían el guisado, tortillas y frijoles: dos cosas, ya el refresco lo pagaba uno aparte, pero también valía dos centavos el refresco."
LAS FIESTAS
Como pueblo católico, Santa Rosa Xochiac tiene numerosas fiestas religiosas a lo largo del año, unas más grandes, otras más pequeñas; la mayoría con danzantes, juegos pirotécnicos, feria, puestos ambulantes, cohetes, bandas de música, etcétera. Otras, a las que podríamos llamar festividades son más modestas, y se celebran según el ciclo agrícola. La primera. por su lugar en el año, es el día de la Candelaria. Después de las nueve posadas y de arrullar al niño, las personas del pueblo preparan los vestidos del Niño Dios y lo llevan a bendecir a la iglesia el día 2 de febrero. En la actualidad son muy pocas las personas que junto con su Niño Dios llevan a bendecir la semilla que han de sembrar y la candela tradicional, pero veamos lo que nos relata doña Lucha Ramírez: "Mire yo desde que crecí, desde esa época, mis papás siempre tuvieron esa tradición de que sus abuelos, sus antepasados hacían lo mismo: el día 2 de febrero se llevaba a bendecir las semillas que se iban a cultivar aquí en el pueblo, porque entonces había muchos terrenos para labor de campo, entonces toda la gente llevaba sus canastas con sus semillas [...] a aparte también se llevaba una cera, una cera que se le dice cera de la Candelaria, Esa cera se ocupa para, bueno en aquel tiempo se ocupaba... hasta ahora yo creo, para prenderla cuando llegaban los aguaceros tremendos, entonces tú tenías tu cera y la prendías

luego luego, sacabas tu cera de la Candelaria, lo primero que decían los abuelitos: ándale hija, trae tu cera de la candelaria porque mira qué aguacero tan tremendo viene...
Después de llevar a bendecir las semillas, la gente comienza a sembrar entre el 15 de febrero y el 15 de marzo, sin embargo hay algunos que siembran el mismo 2 de febrero, otros el 10, Y hay algunos otros que se esperan hasta abril. Dice don Juan Suárez que se puede sembrar maíz incluso hasta el día 20 de abril, pero que si se siembra después, ya no alcanza a darse. Si se siembra el maíz entre la segunda quincena de febrero y la primera de marzo, para el mes de julio la planta ya está grande, es el tiempo en el que comienzan a desarrollarse los elotes. Ya es el tiempo de lluvias y los campos están cubiertos de verdor con las siembras y las hierbas que han nacido, en esta época es cuando tiene lugar la segunda festividad, la de Santiago Apóstol.
Doña Lucha, que es hija de un ejidatario y entre otras cosas, una de las encargadas de dirigir los cantos en las posadas, nos cuenta como festejan ese día: "...también hay una tradición del día 25 de julio, es día de Santiago Apóstol y aquí en el pueblo, todo el pueblo hace mole verde con tamales de hojas verdes, también en todas las casas que tú vayas ya van y cortan del elote el maíz, las hojas verdes y con eso se elaboran los tamales de hoja verde se hace una misa al santo Santiago, hacen la misa a las 8 de la mañana en la iglesia, pues directamente para pedirle al santo Santiago que directamente ha dado ya su fruto, su maíz y con esas hojas que se hace la comida, es con lo que él ha socorrido; también como un dar gracias a Dios, pero entonces la misa es directamente al santo Santiago Apóstol dicen que es el abogado de las milpas] en el pueblo simplemente dicen es Santiago, tenemos que hacer los tamales, tenemos que hacer el mole verde porque, pues yo no se quién inventó eso pero yo desde que crecí, desde que me acuerdo, mis bisabuelos ya hacían eso del mole verde con los tamales de hoja verde y que eso era precisamente para dar gracias a San Santiago vamos a comer con Santiago, aunque no lo tenga en estos momentos, pero es algo de decir porque él nos ha cuidado la milpa, porque nos ha dado, vamos a hacer esto que es una tradición de años."
Don Juan, que además de ser campesino, vende sus productos en una de las calles del pueblo, nos habla de la misma celebración:"...pues una costumbre que viene desde antes, es el día del señor Santiago pero pues ya es antiquísimo eso, ya desde antes, desde que yo crecí ya tenían esa costumbre, quién sabe hasta cuando porque se va modernizando la juventud...A los tamales que hacen el 25 de julio con la hoja de maíz se le hecha quelite; por ejemplo aquí el día 25 me pidieron quintoni/es y les anduve escogiendo los más tiernos, y quedan bien sabrosos, los revuelven con la masa y saben muy sabrosos."
En agosto los elotes ya están listos para cosecharse, este tiempo ha quedado también marcado en una especie de calendario ritual que no sabemos hasta cuando se remonte. El día 14 la gente corta las cañas de maíz más grandes y fuertes de sus terrenos, escogen las que tengan los elotes más bonitos porque son los que al día siguiente, en el festejo de la Asunción de la Virgen María, irán a adornar la iglesia. Los que se les hizo tarde para la siembra, visitan a los vecinos más cumplidos con las labores del campo y les piden unas cañas de maíz para también adornarla. La capilla de Ojo de Agua, así como las capillitas de varias calles son adornadas de la misma forma; los vecinos se instalan alrededor de ella y mientras acompañan a la imágenes, reparten atole de granitos a los asistentes. Este atole-que se prepara especialmente para la celebración del 15 de agosto- es una bebida dulce elaborada con masa de maíz, agua, azúcar, canela y granitos de elote. Doña Lucha añade: "...también se hace en la noche, por decir, el día 14 de agosto en la noche se hace una velación a la virgen María, la acuestan en la iglesia y se le adorna con pura manzana, pues antes se daba mucho aquí la manzana; ahora, pues la tienen que traer del centro, de la Central, porque aquí poquito se da de eso [...] toda la tarde del día 14 hasta las doce de la noche se tiende a la virgen en una mesita con su mantel y todo y se le adorna con manzanas, con puras manzanas, yeso también es una tradición de que pues contaban los abuelitos que era también darle gracias a Dios, que Dios les socorría su fruta y les socorría su maíz. Todos los que aquí podían comer era lo que el/os sembraban y podían comer de eso."
Alrededor del 15 de agosto se pueden empezar a cosechar los elotes; dice don Juan que anteriormente nadie cortaba ni un elote antes de ese día, pero si lo que se quiere es recoger la cosecha como mazorca, es necesario esperar un tiempo más y que antes, la época para cosechar el maíz era una semana después del Día de Muertos.
Para doña Lucha, cosechar era como hacer una fiesta, por ello esos días los conserva gratamente en su memoria: "Yo en mis tiempos recuerdo que levantaban el maíz, nos invitaban eso sí a todos los nietos;mucha gente iba a recoger, a pizcar que se le decía, 'a pizcar, vamos a pizcar el domingo' por decir el sábado o cualquier día, 'vamos a traer el maíz'...Hace 55 años yo recuerdo como a los 6 años que el día que se desgranaba también nos invitaban a desgranar, 'para el domingo o para tal fecha, vamos a desgranar el maíz'; el/os ya tenían que recoger, pues, en unas trojes que todos tenían de madera, un lugar donde guardaban -porque se daba bastante el maíz -, entonces decía 'para guardarlo ya en la troje porque sino se echa a perder'; entonces ese día que desgranábamos, no sé si en todos lados, pero en cuatro o cinco lados de mis tíos, abuelitos, de mis parientes hacían un pozole que le decían 'vamos hacer pozo/e: pero no el pozole usualmente con su camita, sino un pozole que se hacia nada más con azúcar y canela; el/os ya conocían el maíz que iba a reventar, era un maíz del color que fuera porque sembraban maíz rojo, sembraban azul, sembraban amarillo o blanco, pero había un maíz muy chiquito muy bomboncito, así entonces decían 'apártame un maíz para el pozole' y ponían una al/ata grandota de barro, le echaban harta canela y azúcar y era tan rico que hasta ahora no lo he hecho porque ya no encuentro de ese maíz porque es un maíz especial que el/os tenían para hacer eso, y a todos los que íbamos a desgranar nos invitaban ese día, nos daban nuestro platito de pozole en un platito de barro. Se usaban puros platos de barro y nos los daban llenos de maíz y ¡que rico!; bueno éramos chamacos y la gente grande también. Todos lo que ayudaban a desgranar comían su pozo/e; en lugar de invitarte a comer u otra cosa, no, tenían que hacer el pozole de maíz, pero te digo con azúcar y canela [...] también se hacía el pinole y nos daban nuestro plato de pozole y nuestro plato de Pino/e; tostaban el maíz negrito el que le decimos ahora azul, bien tostadito y molido en el metate y nos ponían a moler a todos, 'va a moler tontito cada quien: porque como éramos bastantes los que desgranábamos, para moler todo pues había que moler hartito, entonces sí se molía bastantito y ya que nos daban nuestro pozole nos decían 'ahora su pino/e'...Era una fiesta por decir, porque a nosotros que éramos chamacos nos gustaba mucho, y para nosotros era un día de fiesta tener que comer esa ricura de pozole -a mi me encantaba- y el pinole también con harta azuquitar y su canelita; también su cáscara de naranja molida porque eso es lo que le da el sabor al pino/e." 10

EL FUTURO DE SANTA ROSA XOCHIAC
Santa Rosa fue cambiando muy lentamente y la prueba está en que a unos 500 años de la fundación del pueblo, continúan las festividades y las tradiciones relacionadas con el cultivo de la tierra. Ha desminuido el interés de la gente y por tanto la participación, pero siguen allí cada día de la Candelaria, cada día dedicado a Santiago Apóstol, cada Asunción de la Virgen. Son tradiciones que nos hablan de una comunidad agraria, sin embargo, Santa Rosa está perdiendo sus terrenos de siembra.
En medio de la ciudad, las calles y las casas cambian, pero se vive una situación más o menos estable, en cambio en las orillas de la misma el cambio es más radical, y a los habitantes de Santa Rosa así como de otros pueblos que se encuentran en la misma situación, se les presentan más oportunidades de empleo, mayor acceso a los servicios, pero también sufren la urbanización acelerada y el deterioro ecológico.
Si creemos lo que decía don Juan al principio, de que el tiempo no ha cambiado, tendremos que concluir que lo que ha cambiado es la gente, y sobre todo las condiciones, pues además de las presiones internas como el aumento de la población que ha provocado la subdivisión de los terrenos familiares y el nivel de agua de los manantiales que antes incluso alcanzaban para regar, ya no alcanza ni para surtir a la población; se suman otras como la de los bajísimos precios pagados por los productos del campo; el escaso apoyo tecnológico; la del nuevo desarrollo en Santa Fe que ha provocado que los terrenos aumenten considerablemente de precio. Habrá que añadir el miedo que algunos tienen al impuesto predial pues ha habido casos de ejidatarios a los que les han llegado boletas con adeudos de varios miles de pesos por sus parcelas cultivadas.

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